OCTUBRE 2013: He empezado un blogg un poco más serio pero ¡que caray! también tengo una parte más culinaria, a ver si consigo enlazarlo todo. Ese es mi reto
Acabo de poner una sección en la cual irá todo aquello que no se muy bien dónde poner. Va a ser un tanto complicado poner orden a todo esto, lástima no saber cómo poner un índice
ENERO 2014: Cuando comento que estoy con lo del blogg de cocina mucha gente me pregunta que si tengo recetas para una persona, visto lo visto, voy a intentar que sean recetas para una o máximo dos personas, o decir para qué utilizo los restos.
MARZO 2015: He empezado a asistir a unos talleres de cocina en Sabor de sal, siempre es bueno aprender cosas nuevas.
MARZO 2016: Ya somos Ciudad Creativa de la Gastronomía de la UNESCO. Como hablaba el otro día con un amigo y he puesto en algún lugar, los dianenses (es el gentilicio en español y proviene de la denominación romana de nuestra ciudad «Dianium») somos gente de buen comer y cocinar. Siempre hemos aprovechado nuestro recursos naturales, de ahí nuestros «pastisets d`herbes», las llandetas de peix, les coquetes de pansa y un montón de recetas tradicionales más. Esas recetas han ido pasando de abuelas a madres, a hijas, a nietas…..
Los de aquí de toda la vida, comemos cangrejitos fritos y sabemos que una gamba de Denia es fresca porque tiene un bigote descomunalmente largo, que aguanta el peso de la gamba, una vez hervida y si no lo aguanta…. «malament», seguro que del día o del día antes no es. Así que el que quiera montar aquí un negocio de restauración y que le funcione, ya sabe que tiene un listón de salida un pelín más alto que en otra zona, porque la gente de la Marina Alta al salir y en especial los dianense para salir de casa, o comemos igual que en casa o mejor, o a ese sitio no volvemos…..
ABRIL DE 2016: Hoy he empezado un apartado al que he llamado «operación bikini», a ver si consigo aclararme con esto del blog y puedo meterla dentro de cocina para uno. El lunes lo comento con mi amiga Isabel cuando vayamos al paseo matutino.
Finalmente he decidido tomarme muy en serio lo del peso, así que estoy en fase de reeducación alimenticia. Los años no pasan en balde, y como decía el anuncio, no pesan los años, si no los kilos. Así que voy a intentar dejar por el camino aquellos que me han estado acompañando en los últimos años, creo que ya es hora de que se independicen.
Por ello y aunque no deje de hacer otro tipo recetas y de ir actualizando el blog cuando pueda, esta sección. Que todos nos vamos haciendo mayores, somo cada vez más los que vivimos solos normalmente y en ocasiones se nos acaban las ideas, sobre todo cuando decidimos «cuidarnos» cuando estamos en casa y así no tener que dejar de tener vida social.
MIS RAÍCES
Vengo de una familia en la que a mi madre, Pepa o Pepita, según quien, no le gustaba nada la cocina, era de sota, caballo y rey.
Recuerdo los domingos por la tarde en las que me daba papel y boli y me decía –¡Venga! vamos a hacer los menús para la semana, pero que no sea todo hamburguesas–
También recuerdo que no la vi cocinar jamás lo que la gente llama «una paella» porque según parece el fuerte carácter de mis padres unido a un incidente con una paella cuando eran recién casados, hizo que mi madre emulase a Vivian Leigh en Lo que el viento se llevó y dijese – ¡ Juro por Dios que jamás en mi vida volveré a cocinar paella !– y os aseguro que mi madre era mujer de palabra.
Pero incidente a parte, era la que con una lechuga, ajo, mostaza, sal y aceite te hacía una ensalada para chuparse los dedos, la que los metía en la olla llena de aceite hirviendo cuando hacíamos buñuelos o la que te hacía una bechamel en un plis plas.
En cambio mi padre, Manolo para los amigos y Manuel para el resto del mundo, era de los que se metía 200 k. para ir probar algún sitio que le habían recomendado, o para comprar algo que le habían dicho que estaba bien, o para buscar aquello que él recordaba que había tomado hace años cuando pasó por «allí cerca». No era un sibarita «stricto sensu», pero tenía gota (ácido úrico) desde los 33 años.
Él fue el que empezó, en los últimos años de vida de mi madre, a hacer paellas en casa a leña con un amigo, ya que como mi madre se negó en rotundo toda su vida…, y acabó siendo un artista paellero… de invierno, de espinacas y boquerones, de bacalao y cebolla….
Una cosa que me dejó muy clara es que – hay que usar buenos ingredientes y cocinar cuanto más simple, mejor. El que usa salsas es porque o bien tiene un producto malo o no sabe cocinar y tiene que disfrazar los sabores con la salsa-.
Fue una persona a la que jamás conseguimos hacer comer pasta italiana, sobre todo los spaghetti y quien pensaba que como seguro que nuestras cocas están mucho mejor que las pizzas esas, para que perder el tiempo probándolas….. vamos, de cocina española, tradicional.
Le debía venir la cosa de casa, porque cuando nos juntamos los primos, los «Romans» somos todos de buen comer y buen cocinar……
Está también mi abuela materna, Francisca, «yaya Kika» cuando era yo un retaquillo y «abuelita» cuando cumplí unos diez años, porque mi abuela odiaba su nombre, pues su padre nunca la llamó por su nombre, si no por «nena» ya que decía que era feo y largo.
Conviví muchísimo con ella, ya que de muy pequeña recuerdo verla venir a casa a hacer paella, seguramente por aquel incidente que ocurrió cuando yo no había nacido todavía, y después cuando mi madre se puso enferma, ya que como buena madre, venía a cuidar de su hija y hacer lo que menos le gustaba a mi madre, cocinar. Cuando mi madre murió y mi padre se volvió a casar se vino a vivir conmigo.
También recuerdo como hablaba de la comida de antes, de los huevos amarillos de yema grande, de las «sanguetas de pollo» que se usaban para hacer la pelotas del cocido y oírle decir un montón de veces – Es que mi madre le ponía (lo que fuere), porque ella si que sabía cocinar y yo no-
INFLUENCIAS
Pues la verdad es que de todo tipo, en primer lugar la de la cocina de mi tierra, que
quiere que se la declare ciudad gastronómica por la UNESCO.
La de Emi, la segunda mujer de mi padre, que como decimos por aquí, borda los arroces, salvo el arroz al horno, ya que ahí tengo influencia de mi «abuelita» quien siempre me decía – El arroz al horno ha de ser arroz al horno y el de putxero, es putxero, y son dos comidas diferentes, así que no hay que mezclar –
Por otro lado están madres de amigas, como la madre de Gaby, Sarah, a quien siempre consigo sacarle alguna recetilla de algo dulce inglés impresionante, destacando Mouse de chocolate (esta la conseguí cuando tenía 9 años) y el brownie de chocolate (esta a los 40 mas o menos), aunque mi amiga Gaby se medio mosquea cada vez que consigo una receta de su madre y luego está un tiempo sin hablarme, o la de Julia Guaita, que fue como una segunda madre mientras estuve en Valencia estudiando, de quien obtuve la receta de pelota dulce de Picassent, el pollo a la cerveza o las croquetas de atún.
Las de amigas de amigos, como Lisa de Lidingö quien me dio la receta de las canel bullar suecas, o de mis amigas, como Magoya que hace birguerías en la cocina, y sobre todo con restos, o Alejandro, que es el que controla que salga bien el Limoncello, aunque ahí andamos para conseguir la transparencia deseada….
Las de mis viajes, ya que cada vez que voy a algún sitio intento degustar la comida típica y comprar algún libro de cocina con recetas de la zona….
Las de las ganas de aprender y experimentar que me inculcaron mis padres, tanto para la cocina como para cualquier cosa….
No hay que tener miedo a nada….. ni siquiera a la muerte.
Y siempre me tocará retocar esta página para que sea la primera hasta que aprenda a hacer funcionar esto del blogg